domingo, 31 de enero de 2016

Dispara, yo ya estoy muerto. Julia Navarro.


Una de las últimas novelas que he leído es la que ahora comentamos: "Dispara, yo ya estoy muerto", de Julia Navarro. Reconozco que comencé a leerla sin tener referencias previas del tema o argumento de la misma. Pero mi interés fue creciendo a medida que comencé a adentrarme en los entresijos de la historia humana, sobre todo humana, del relato. Básicamente Julia Navarro nos presenta y desarrolla la vida de dos familias, judía una de origen ruso y palestina musulmana la otra, que se encuentran y unen en una estrecha relación, hasta el punto de compartir vivienda en la palestina convulsa de la primera mitad del siglo XX. Samuel Zucker huye de rusia para salvarse de la persecución de los judíos emprendida por el Zar. Tras su paso por Francia donde recibe una sustanciosa herencia de su tío emprende el viaje, para asentarse en Palestina, la tierra prometida. Por casualidades o azares de la vida se hace con la propiedad de Ahmed, el cabeza de familia de la familia Ziad, permitiéndole seguir viviendo y trabajando en sus tierras. Surge entre ellos una amistad que perdurará de por vida.
Lo más interesante para mí, independientemente de las relaciones humanas, amores y desamores, odios o venganzas, ha sido realizar con estos personajes un recorrido histórico por todo el siglo XX. Los avatares de los judíos (persecución rusa a finales del XIX, el exterminio nazi durante la segunda guerra mundial, asentamientos de miles de judíos en Palestina y declaración y reconocimiento del estado de Israel), pero también la historia de Palestina: imperio Otomano, La Gran Guerra y disolución de dicho imperio para dar paso al control y reparto de territorios por las distintas potencias vencedoras, Francia e Inglaterra; lucha de los árabes por no ceder territorios ante la ininterrumpida y creciente llegada de judíos, II Guerra Mundial y exterminio de judíos, nuevas oleadas de judíos en Palestina en busca de su supervivencia, reconocimiento del estado de Israel, guerra declarada de la población árabe palestina por la defensa de su tierra y todos los odios, violencias, atentados y conflictos aún irresolutos que perviven hasta el día de hoy, Dichos conflictos parecen ya endémicos y de difícil solución hasta que no se reconozca y se haga efectivo el  reconocimiento del estado palestino.
Un viaje apasionante, en fin y una oportunidad para reflexionar sobre la maldad de la que es capaz el hombre representada por la persecución cruel y despiadada de la raza judía y también para reconsiderar y pensar sobre la incapacidad de la humanidad para solucionar los conflictos sin violencia. A veces, siendo meros observadores de la historia nos damos cuenta de lo torpes e ignorantes que podemos llegar a ser para rechazar al otro por motivos de raza, cultura o religión, pero aún más torpes e inconscientes por no establecer lazos de convivencia, respeto y tolerancia que nos llevarían a solucionar los problemas y conflictos de manera más civilizada. Los amigos Ahmed, musulmán y Samel Zucker, judío, de esta novela, son un ejemplo de ello.


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